
En baja. Independiente cayó ante Instituto y aún no conoce la victoria en lo que va del torneo.
Apenas cuatro unidades sobre quince posibles, cero victorias en cinco partidos, nueve puntos por debajo de los líderes en la tabla de posiciones... En el amanecer de un torneo que lo avizoraba como principal animador, Independiente Rivadavia tiene el balance plagado de números rojos.
La brújula no le marca un destino fijo. El camino no aparece. Y el resultado es la lógica consecuencia de un equipo ciclotímico, con dudas para marcar y presionar, con reparos para arriesgarse a intentar el pase vertical, el que lastime.
Por ahora, en estas cinco fechas, ni las individualidades enyesan las fisuras colectivas, ni la propuesta colectiva disimula los altibajos individuales. Y la consecuencia es lapidaria: Independiente es un equipo que todavía no tiene claro a lo que juega.
¿A qué juega Independiente? La pregunta no es de fácil respuesta. El dibujo táctico de cuatro en el fondo, un volante central, dos volantes por las bandas, un enganche y dos delanteros es sólo el esqueleto de la propuesta. Pero claro, el esquema no define la idea de juego. El contenido se lo dan los jugadores. Y aquí radica el problema. Porque si nueve de cada diez jugadas terminan con un centro pavote que hace blanco en el pecho o en la cabeza de un defensor rival, no hay esquema que se sostenga.
Evidentemente, Independiente es un equipo sin documentos. El domingo pasado, ante Instituto de Córdoba, careció de argumentos sólidos para sostener el 2 a 1, y no supo defenderse con la pelota, que es la manera más digna de cumplir un plan razonablemente no tan audaz.
Independiente equivocó el planteo cuando estaba en ventaja y disponía de tiempo y espacio para dar el golpe de gracia.
Así y todo, jamás pudo combinar sus movimientos para sumar. Esa falta de precisión le minó el camino y lo puso a laburar siempre, pese a que en el complemento, el crecimiento de Martín Gómez comenzó a abrir grietas y el partido amenazó con sincerar en la red lo que se veía en el campo. Pero para ganar, no siempre alcanza con correr y meter.
Instituto lo supo siempre y tuvo la madurez necesaria como para forzar el destino del juego sin haber mostrado mucho más que su rival.
Todo lo contrario a Independiente.
Tampoco desde el banco hubo un plan alternativo. ¿Si el moreno Aveska tenía una tarde de terror, no era oportuno cambiar sobre la marcha? Al contrario, Judelín Aveska no sólo siguió en la cancha (dos goles de La Gloria vinieron por fallas del haitiano) sino que, ya con el 2-3 en contra, sacrificó a Seltzer para el ingreso de Ceresetto, cuando apenas cuatro minutos antes -con el 2-2 parcial- había mandado a la cancha a Oscar Negri (volante) en lugar de Luis Tonelotto, el único referente de área.
Es cierto que hubo numerosos cambios en el plantel entre una temporada y otra. Tantos como que la conducción es la misma. ¿Quien está fallando entonces? Los jugadores, en mayor proporción, porque son los que entran a la cancha y juegan.
Y el técnico, porque no sólo armó el plantel a gusto y piaccere (¿O tener a un jugador como Ariel Ortega no es un verdadero privilegio?) sino que también es el que decide a quienes y cómo los utiliza táctica y estratégicamente dentro de la cancha.
Igual, este crítico presente debe servir para que el técnico coloque su proyecto sobre un espejo o que él lo converse con la almohada.
Surgirían unas cuantas preguntas, de cara al futuro y de acuerdo con la identidad que se pretende. Ejemplo: ¿Este es el tipo de equipo que quiero? ¿El de los primeros quince minutos del segundo tiempo o el que no la agarraba y miraba cómo la jugaban Diego Cardozo, Jerónimo Morales Neumann, Lucas Concistre y compañía? ¿Por qué no supo imponer el juego propio?
Este cuestionado Roberto Trotta (cuya relación con los hinchas se hace prácticamente insostenible al tiempo que se suman potenciales reemplazantes para su puesto) afronta en un semana clave y más corta de lo habitual (el jueves recibe a Los Andes) el desafío de armar un equipo que funcione y que comience a hacer realidad la fantasía que circula en cada arranque de torneo. El laburo no va a ser fácil.
Primero: tiene que armarlo todo de nuevo. Segundo: debe mentalizar que la figura es el equipo.
Fuente: Los Andes.
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