lunes, 15 de octubre de 2007

Como Turco en la neblina


Regreso goleador. Daniel Aguado festeja su gol de penal, en su primer partido como titular en el presente torneo Apertura
Sólo 48 segundos de partido habían pasado y Rodrigo Pombo ya la tenía que ir a buscar adentro de su arco. Sí, como lee, Julio Mugnaini desvió un remate de Silva y fue el responsable de que Guaymallén comenzara la tarde muy mal.
Se nota que este Tricolor anda necesitado de triunfos y eso le pesa. Se muestra desesperado, sin ideas, sin pausa y con una tremenda falta de recursos para generar acciones de riesgo contra la valla rival.
Ayer jugó una primera parte de terror, cuando dejó que el rival manejara los tiempos y la redonda. La imagen de Javier Sánchez fastidioso porque el balón iba por arriba, era una clara muestra de cómo se jugó. Pelotazos sin destino para un Aset que, si juega de espaldas al arco, jamás contará con una chance para embocarla.
Ni siquiera la expulsión de Herrera a los 43 minutos, por falta a Daniel Aguado, sirvió para inclinar la balanza a favor del Tricolor. Ese tanto que marcó Aguado de penal pareció ser el inicio del camino de la recuperación, pero en el complemento, se vio que estuvo lejos de serlo.
Si bien hubo mayor control de balón, faltaron ideas para quebrar la dura resistencia montada por la visita, que se replegó y ya no arriesgó en busca de otro gol.
Salvo la contra generada por Rodolfo Braile, que terminó con un remate de Aguado que se fue besando el palo izquierdo del “1” visitante, no hubo acciones para destacar.
Guaymallén salió a jugar esta segunda mitad con cambio de esquema: tres en el fondo, Braile sumado a la línea de volantes y Aguirre como tercera punta, pero no dio resultados.
Si bien el equipo de Julio encerró en su campo al rival, nunca hizo peligrar el punto al que se aferraron los dirigidos por Irigoyen desde la expulsión de su arquero. Los ingresos de Rubén Sánchez y Luis Pérez no fueron la solución. Ninguno de los dos estuvo correcto y el balón se siguió dividiendo con un rival que sólo se metió atrás y se defendió con uñas y dientes.
Pese a los gritos desde el banco italiano para que abrieran la cancha, el conjunto no contó con la frialdad necesaria para generar acciones claras de riesgo.
El final encontró a un Tricolor perdido, que ya no manejaba la redonda y que volvía a apostar al pelotazo como forma de recurso para generar riesgo.
Así llegó el pitazo final, con un local que buscaba pero dejando la duda sobre si sabía qué.
Fuente: Los Andes.

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