
Abel Soriano dejó atrás a Gabriel Tomasini y se apresta a superar la marca de Rodrigo Nolla. El jugador Violeta tuvo un rendimiento parejo en ataque.
Luján cambió a tiempo y se quedó nuevamente con el clásico mendocino del Argentino A, tras vencer 2-1 a Gimnasia como visitante.
El encuentro comenzó con un predominio notable por parte del mensana que desequilibró constantemente por izquierda de la defensa Violeta, pero como le viene sucediendo en las últimas presentaciones, el Lobo pecó por su falta de eficacia y sólo por ese motivo, no se encontró en ventaja antes de los 10’ iniciales.
Sin embargo el primero en avisar fue el visitante que tuvo una inmejorable ocasión en la cabeza de Próspero para poner arriba a su equipo, jugada que terminó siendo la única visita de Luján al arco defendido por Godoy, en esos primeros 45’.
Después de ese tirón de orejas, Anzorena se asoció más seguido con Marchetti y a partir de esa sociedad, Gimnasia fue arrinconando a un conjunto de Mauricio Magistretti que no encontraba los caminos para emparejar el trámite. El sufrimiento se había apoderado de cada pierna y alma Violeta, porque a pesar de que su rival solamente lo inquietaba con desbordes o pelotazos aéreos y que nunca puso a un jugador frente a Chiarini, no encontró la forma para contrarrestar los desaciertos de la línea de volantes.
El desarrollo era todo del Lobo, pero este equipo no lastimaba donde debió hacerlo y hasta se había convertido en un conjunto predecible porque sus principales jugadas llegaron mediante centros, a excepción del remate de Marchetti que Chiarini contuvo en dos tiempos. La lectura del encuentro era clara. Luján que venía con muchas ausencias importantes y que no pasa por su mejor momento deportivo, trataba de aguantar las embestidas del local, mientras que éste seguía intentando por su repetida fórmula, la misma que iba a dar resultado cuando Ceballos participó en una carambola y mandó la redonda al fondo de la red.
Con este resultado mínimo, pero abismal en cuanto al desarrollo, se iban al descanso unos y otros, dejando una gran incógnita para el futuro del juego: ¿el Lobo terminaba con la historia o Luján mostraba otra cara? Se dio la segunda parte de la pregunta, porque el Viole sin mucho que perder y con todo por ganar, se dio cuenta de que aquella superioridad territorial de su rival, podía revertirse con un cambio de imagen, por no decir otra cosa.
Y fue justamente con eso que arranca con h...que el Violeta dio vuelta una historia que ni el más optimista hincha lujanino se imaginó y más si se tiene en cuenta lo que el equipo mostró en la primera etapa. Era otro Luján. El lavado de cabeza de Magistretti en el entretiempo daba resultados y sus jugadores dominaron a un Gimnasia que se quedó sin respuestas y que nunca supo encontrar la forma para terminar con su oponente.
Los primeros avisos de que el Viole era otro llegaron por medio de dos tiros libres que Godoy despejó al tiro de esquina, hasta que Martínez ensayó una nueva jugada preparada con Ramos y el uruguayo que llegó haciéndose el distraído, ejecutó al “1” local, decretando la igualdad. A partir de este empate, Jorge Dubanced ensayó variantes pero no pudo cambiar la historia. El golpe se sintió como un fuerte cimbronazo y sumado a la presión que bajaba de las gradas, el Lobo se desprotegió entre sus líneas y en una contra perfecta que manejó Quiroga, Kiezik anotó el 2-1 final.
Todo era fiesta para el Viole y tristeza para el Lobo, que hasta pudo perder por más diferencia si es que Soriano o Devia embocaban las dos últimas chances que tuvo el juego.
Fue un triunfo justo si se tiene en cuenta lo que hizo el Viole en el complemento y sufrido para Gimnasia que no supo finiquitar con el pleito.
Fuente: Los Andes.
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