
Leonardo Torres pasa entre dos rivales. Fue clave en el triunfo Cruzado.
Con el alma. Apelando al último suspiro que le quedaba. Yendo siempre a buscar sabiendo que el gol salvador podía llegar.
De esa forma el Deportivo Maipú ganó un partido que tuvo sabor a clásico. Porque Desamparados es un muy rival incómodo y nunca lo había podido vencer.
Con todos los condimentos puestos en cancha, era de esperar que el partido arrancara con dientes apretados. No se dieron un metro de ventaja y así faltaron espacios para jugar.
Dentro de ese panorama fue el Cruzado quien contó con una luz de fútbol y se lo dio Leo Torres, tanto para manejar el juego como a la hora de la pelota parada. De un tiro libre del diez vino el gol de Medina para abrir el marcador.
Fue el comienzo de una ráfaga de goles: porque empató el “Pala” Fernández con un remate al ángulo y un minuto después Coria, de puro guapo, puso otra vez arriba al local.
Después llegó la suspensión por incidentes (ver página 3) y el empate de Córdoba sobre el final, con una ayudita extra de Olguín quien no pudo retener un balón enviado por Molina.
Con el encuentro igualado esta todo por verse. A Maipú le servía muy poco el punto el Víbora había demostrado que no se conformaba con llevarse la igualdad a San Juan.
El elenco de Ricardo Dillon arrancó mejor parado la etapa complementaria, controlando la pelota con Molina y Chica y apostando a la velocidad de Fernández por ambos lados. El Botellero no le encontraba la vuelta al partido y Carlos Sperdutti se la jugó con tres punta (ingresó Villaseca), aunque el problema estaba en el medio donde no podía hacer pie.
El DT se dio cuenta y también mandó al campo a Zapata por el Pamperito, buscando un socio para Torres en el momento de creación.
Un párrafo aparte merecen los goles que se perdieron Torres y Fernández. Ambos dentro del área y sin arqueros tiraron la pelota sobre el travesaño. Una salvada de Imbesi ante Medina marcó también otra de las opciones en el segundo tiempo.
No parecía que la historia podía torcerse en los minutos finales, pero el Cruzado tenía un plus que sacó del corazón. Contó con la gran virtud de la tranquilidad y de ir a buscar con insistencia el tanto del triunfo.
Y la muestra es que un defensor, Ricardo Bernay, se metió en terreno rival confiando en esa última bola...La que finalmente terminó por darle un triunfo con gusto a revancha.
Fuente: Los Andes.
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