
De no creer. Rodolfo Braile intenta frenar el avance de un delantero rival. Guaymallén bailaba al puntero, pero en cinco minutos le amargaron la tarde.
El desarrollo del juego arrancó como un verdadero clásico cuyano: exageradamente trabado, disputado en el medio y con bastante pierna fuerte por parte de los protagonistas de ambos bandos, como si hubiera viejas rencillas del pasado.
Dentro de ese trámite friccionado, Guaymallén tuvo la primera oportunidad a los 4’, cuando Víctor Cabral recibió en el área y metió un pase a la red, pero el impresentable juez Sosa anuló la conquista a instancias de su asistente Norberto Agüero, quien sancionó un dudoso offside.
La respuesta de Alianza no se hizo esperar. A los 13’, Paratore recibió de Arroyo y resolvió con una mediavuelta que Gámbaro sacó al córner. Luis Pérez era el eje del juego tricolor. Por él pasaban todas las pelotas y, como siempre, eran resueltas con la claridad conceptual que nos tiene acostumbrados.
El “10” del Guayma marcó el camino a puro cambio de ritmo y habilidad. Y como no podía ser de otra manera, de una jugada de los pies del sanjuanino llegó la apertura del marcador. Arrancando como un enganche, Pérez juntó rivales, esperó y abrió justo para que Blanco definiera con enorme categoría sobre la salida de Ríos. Golazo.
Pero el show de Luisito no terminó allí. Lo mejor estaba por venir, porque seis minutos más tarde recuperó una bocha en el círculo central y -inteligente- aprovechó el adelantamiento lineal de la defensa rival, hizo la individual, dejó tres rivales por el camino, corrió treinta metros con pelota dominada, llegó hasta las narices de Ríos y le puso el broche a la joyita con un pase a la red. Golazo, parte II.
Con el 2-0 se fueron al descanso y Rodeo era una fiesta. De hecho, muchos presagiaban otra goleada como contra Luján. El complemento comenzó como se preveía. Con Alianza tratando de llegar hasta Gámbaro y un local que apostaba a la contra para liquidar el pleito. Las cosas se simplificaban aún más cuando Cámara veía la roja. Con un jugador y dos goles más que su rival, Guaymallén tuvo en los pies de Blanco lo que hubiera sido el 3-0 y partido liquidado.
Pero no. Carlitos falló su zurdazo frontal al arco y comenzaron las dudas generadas a partir del pésimo arbitraje del puntano Sosa. Braile vio la roja y el Tricolor se desmoronó. En apenas cinco minutos, dos tiros libres calcados que ejecutó el zurdo Pacheco terminaron en sendas conquistas del Lechuzo. Y el estadio Hugo Alastra se convirtió en una caldera cuyo destinatario de los insultos tenía nombre y apellido: Héctor David Sosa.
Ya en el final, Diego Gámbaro le sacó el triunfo a Javier Paratore y, en el área de enfrente, Carlitos Blanco se “devoró” la victoria.
El empate era cosa juzgada. Guaymallén se quejó -y con razón- a más no poder de la lamentable labor del hombre de negro, pero olvidó que tuvo todo para derrotar al puntero y no supo definirlo. Y esos también son errores que suelen costar injustos empates como el de ayer.
Fuente: Los Andes.
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